El Ayuntamiento de Castellar en colaboración con la Asociación de Mujeres Azahar ha celebrado hoy el Día Internacional de La Mujer con una merienda de convivencia a la que han asistido alrededor de 300 chisparreras. El encuentro, adelantado por la programación de los carnavales, ha servido para dar a conocer las Homenajeadas de este año 2017, una decisión de la que participan la directiva del colectivo de mujeres Azahar y la delegación municipal de Igualdad.

El alcalde de Castellar, Juan Casanova, ha aplaudido el esfuerzo y el trabajo a veces invisible con el que las mujeres castellarenses enriquecen la comunidad local. Por su parte, la teniente alcalde y delegada de Igualdad, Pilar Lobato, ha recordado que estos homenajes siguen siendo necesarios porque la brecha de la desigualdad continúa abierta entre hombres y mujeres. La presidenta de la Asociación de Mujeres, Juana González, ha brindado por todas las mujeres de Castellar y acto seguido, comenzó el acto homenaje para descubrir la identidad de Las Mujeres del Año de Castellar. 

Isabel García Iglesias fue la primera en recibir la sorpresa por parte de la comunidad chisparrera. En su haber, le reconocen su entrega por su familia y su trabajo desinteresado. Le siguió el turno a Carmen Mendoza Gallardo, por su perfil de mujer luchadora, trabajadora y clave en el surgir del movimiento asociativo local.

Los aficionados al Carnaval ya pueden adquirir sus abonos para el Concurso de Agrupaciones de Castellar de la Frontera en las oficinas municipales por 10 euros. El concurso de celebra del 7 al 10 de marzo y los precios especiales están disponibles hasta el martes 7 a las 14.00 horas en la recepción del Ayuntamiento. El precio para cada jornada de semifinal es de 3 euros y para la Gran Final del viernes 10 de marzo será de 6 euros.

A mediodía de hoy, la Delegación Municipal de Fiestas realizó el Sorteo de los puestos para la actuación en el Concurso de Agrupaciones que comienza el próximo martes 7 de marzo. En total son ocho comparsas y ocho chirigotas de la comarca las que se dan cita en Castellar la semana que viene, siete algecireñas, cuatro linenses, dos sanroqueñas, dos barreñas y una de Tarifa.

Antonio Rey Pérez nace el 16 de agosto de 1937 en la casilla de Los Gallegos, así la llamaban, a un par de kilómetros de la antigua estación de Castellar de la Frontera porque su padre era trabajador de RENFE. Su vida ha estado ligada al mundo de los trenes desde el inicio de los tiempos, por herencia familiar y por dedicación profesional. 

La de ellos, la de su familia, es la historia paralela de tantos trabajadores españoles que llenaban de vida los pueblos para hacer funcionar las grandes máquinas de hierro que traían las cartas, las noticias, las tendencias, el progreso, la propia vida nueva, mejor, tras la guerra, alrededor de sus raíles. Tiempos en los que las estaciones de tren eran lugares llenos de trabajadores, jefes de estación, guardagujas, operarios de vías, guardabarreras, todos empleados del gran gigante nacionalizado en 1944 bajo las siglas la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, RENFE, una empresa que nace para reconstruir un mapa viario ibérico devastado  por los años de la guerra. 

Los padres de Antonio se llamaban Leonardo y Francisca, y él es el mayor de sus cuatro hermanos: Manuel, Miguel y Asunción. De esta zona de Castellar de la Frontera donde residían varias familias, pasan a vivir al campo, en el lugar donde hoy se ubican las naves de la Cooperativa, junto a un  paso a nivel que allí existía, antes de que se construyera el Pueblo Nuevo de Castellar. Su padre iba a ser guardabarrera. 

El Pleno de la Corporación Municipal presidió el acto institucional con el que Castellar de la Frontera ha celebrado el Día de Andalucía. El acto arrancó a las 12.00 horas del mediodía con el Salón de Plenos lleno de vecinos y vecinas que se acercaron a compartir el homenaje que, como cada 28 de febrero iba a desarrollarse.

En primer lugar, se dio paso a los escolares del CEIP Tierno Galván que han resultado ganadores del Concurso por el Día de Andalucía. Adam López Fernández, Vega Espinosa Fernández y Francisco Javier García González, alumnos de infantil, mostraron sus dibujos ganadores. Seguidamente, Alex Gil Guitérrez y Sergio Jiménez Carrillo, del Aula Específica mostraron sus trabajos sobre Andalucía. Luego le llegó el turno a los alumnos de primaria, galardonados en un premio por nivel escolar, y autores de poemas y redacciones sobre su tierra. De primero, Laura Moreno Ligero; de segundo, Kike Navarro Velasco; de tercero, Erika Moreno García; de cuarto, Yassin Jiménez Hbirkou; de quinto, Juan Palma Carrillo: y de sexto, Javier del Río Morales. Una vez mostrados todos los trabajos, los escolares recibieron sus premios, un bono para la temporada de baño en la piscina municipal.

El acto continuó con dos distinciones extraordinarias para dos alumnos de Castellar que por distintas razones, han destacado este último curso académico. En primer lugar José Antonio Herrera Gavilán, recibió su distinción por haber resultado ganador del Premio Extraordinario de Secundaria que todos los años concede la Junta de Andalucía a los mejores expedientes de cada provincia. Le siguió en el turno de reconocimientos, la joven Cristina Moreno Pérez, ex alumna en el IES Hozgarganta que el pasado curso recibió el Premio al Mejor Expediente de Bachillerato en este centro de secundaria vinculado a Castellar. Una vez, entregados los premios y realizada la foto de recuerdo, el alcalde de Castellar, Juan Casanova, dirigió su discurso para todos los presentes.

        Manuel León Vargas nació el 29 de enero de 1928 en la Estación de San Roque, en la Calle La Pólvora, porque al Corchaíllo, la dehesa de Castellar donde vivían lindando con Jimena, el médico tenía que ir a caballo, asunto por el que la familia se traslada a una casa a la Estación de San Roque para que su madre diera a luz. No lo hizo sólo una vez su madre, lo de parir y trasladarse, sino varias, ni más ni menos que doce veces, ya que fueron seis hijos y seis hijas los que tuvo en total, los hermanos de Manolo. 

El Padre de nuestra primera mención de honor era Guarda del Duque de Medinaceli y su madre cuidaba a una extensa familia que del Corchaíllo pasó a la Dehesa del Olivar donde trasladaron a su padre. Allí crecieron desayunando pan, aceite y café, almorzando guiso de papas o fideos y cenando puchero. 

Hasta que cuando tiene ocho años estalla la Guerra y llegan el hambre, los piojos, las paperas y la vida se transforma para todos. Manuel recuerda cómo ese año los reyes magos le regalaron una escopetilla hecha de madera y lata que simulaba un tiro pero sólo era ruido, y se pasó todo el día persiguiendo pajaritos creyendo que era de verdad. También recuerda cómo cuando los moros arribaron el Castillo, en la Dehesa El Corchaíllo tres cuadrillas de corcheros, un centenar de hombres, se encontraban en pleno descorche, porque ese año tocaba faena. Y también recuerda otros tantos hechos que en su memoria perduran con absoluta precisión. 

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